viernes, 1 de noviembre de 2013

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


-  OCTAVA PARTE -
Y todo esto que veníamos diciendo anteriormente es relevante analizarlo, porque todos sabemos que sin el derrocamiento revolucionario, el poder, los medios de producción y la riqueza que producen los trabajadores permanecerán en manos de la burguesía. Y por lo tanto, no existirán (objetivamente) las condiciones para la satisfacción de las necesidades populares, se perpetuará la explotación capitalista y por lo tanto, a la larga o a la corta se acumularán problemas para el pueblo, y el Partido Comunista quedará expuesto, atrapado en el círculo vicioso de la incorporación en el sistema.

El capitalismo es un sistema históricamente anticuado y condenado a la desaparición, y ningún modo de gestión le puede dar un rostro humano. Lo que hoy tenemos en nuestro país con los gobiernos del FA, es la gestión liberal y socialdemócrata tradicional, la que en algunos lugares se presenta como “de izquierda”, “de la nueva izquierda”, “progresista” etc. y que ha provocado discusiones en el movimiento comunista internacional.

Estos gobiernos progresistas del FA, por un lado, profundizan el modelo actual capitalista extractivo y, por otro lado, enarbolan un discurso político que tiene como efecto despolitizar a la sociedad, buscando de esa manera atemperar o erradicar el conflicto social. Por esa razón se fustiga la movilización de los docentes, o se condena las conquistas del gremio de la bebida recurriendo al fantasma de la inflación.

La ley fundamental de la creación de plusvalía, de trabajo no remunerado y ganancia para los monopolios que son el corazón de la naturaleza explotadora del capitalismo, no cambia por ninguna gestión cualquiera que sea su denominación. Esta ley, independientemente de las fórmulas de la política implementada, determina el carácter explotador de la economía.

Sabemos que la agudización de la contradicción fundamental, entre el carácter social de la producción y del trabajo por un lado, que pone en movimiento a millones de obreros, trabajadores que producen la riqueza, y por otro lado la apropiación privada capitalista de los resultados de este proceso, tiene su base en el poder del capital y en su propiedad de los medios de producción.

Y sabemos también que es justamente esta contradicción la que conduce a las crisis capitalistas, que hace que el sistema sea más y más agresivo y reaccionario. Esto es lo que demuestra la experiencia reciente de la crisis capitalista que ha afectado a Grecia, España, Italia, Portugal, Irlanda y otros Estados de la Unión Europea así como los EE.UU., Japón y otros países capitalistas según la fase del ciclo en que se encuentra cada país.

Como bien ha señalado recientemente el Partido Comunista griego, “Esta contradicción no puede ser superada por ninguna fórmula de gestión del sistema, y la subestimación de la contradicción fundamental en el nombre de las “particularidades nacionales” atrapa a algunos partidos comunistas en posiciones equivocadas”.

Sabemos, como lo ha dicho y reiterado en sus informes el Comité Central del PCU, que la agresividad imperialista y la agudización de las contradicciones interimperialistas sobre el control de las materias primas, la distribución de los mercados y de las esferas de influencia, constituyen la base para el estallido de las guerras imperialistas.

Esto no tiene que ver solamente con la experiencia histórica de las épocas anteriores, (Primera y Segunda Guerra Mundial), sino que está relacionado con decenas de guerras locales y regionales, las guerras en Yugoslavia, Afganistán, Irak y Libia. Está relacionado con la intervención en los asuntos internos de Siria, las amenazas contra Irán, el peligro de una guerra imperialista generalizada en el Mediterráneo Oriental, en el Golfo Pérsico, o en Corea. Sin olvidar que por América Latina esa agresividad se manifiesta en situaciones como la intervención en Haití, el golpe fallido en Venezuela, los golpes en Honduras y Paraguay, etc.

La pregunta es ¿Cuál es la respuesta a esta situación desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera y de los sectores populares, desde el punto de vista del progreso social? 

Y la respuesta no puede ser otra que el desarrollo de la lucha de clases. El desarrollo de la lucha ideológica, política y de masas por el derrocamiento de la barbarie capitalista. El desarrollo de la lucha de clases, en primer lugar en donde nos toca luchar, a nivel nacional, allí donde se manifiesta de manera clara y directa la contradicción entre capital y trabajo. Así como con la coordinación esencial a nivel internacional con los partidos comunistas y revolucionarios, y con las fuerzas sociales que tienen interés en luchar contra el capitalismo y contra el imperialismo.

Y la siguiente pregunta es ¿Puede el PCU hacer su parte, la que le corresponde como “Partido de la clase obrera”, cuando forma parte de un gobierno comprometido hasta la médula en ese mismo sistema?

Porque la cuestión fundamental sigue siendo la lucha por el socialismo y las exigencias que esta determina, para que esta lucha se traduzca en la práctica en la orientación del movimiento obrero, en el marco político que plantean los comunistas en la lucha contra la explotación capitalista. Porque no existe otra manera de sentar en el banquillo de los acusados al sistema de explotación, a las fuerzas del capital y sus representantes políticos.

Porque esto no puede hacerse promoviendo de modo general y vago el “desarrollo”, la “democracia”, el “progreso social” sino el desarrollo (socialista) que tiene como criterio la satisfacción de las necesidades populares sin los capitalistas y la ganancia capitalista, con la riqueza en manos de los trabajadores que la producen.

Habrá quienes sostengan otra cosa, pero se me ocurre que sólo en un marco en donde claramente los capitalistas y el estado burgués que utilizan los medios más modernos de manipulación, intimidación, represión y el oportunismo, sean visualizados como lo que son, se puede alimentar el desarrollo de la conciencia obrera y popular, se puede preparar y madurar el factor subjetivo para que corresponda (tanto como sea posible) con las necesidades de la lucha de clases.

Es lo que mencionaba anteriormente respecto de los gobiernos que en América Latina avanzan en apoyo popular: “una izquierda que apuesta a la épica revolucionaria, que se involucra activamente en los debates con los países centrales, con las oligarquías y con el imperialismo, con sus representantes políticos y mediáticos y en general con el pensamiento hegemónico en todos los planos. Y lo hace en medio de la polarización, identificando claramente al enemigo social, económico y político de las transformaciones, y promoviendo medidas que afectan directamente los intereses concretos de esos sectores, tanto nacionales como trasnacionales”.

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