lunes, 4 de junio de 2012

MIRANDO MÁS ALLÁ DEL DOMINGO (3ª parte)




 
Terminábamos nuestra nota anterior diciendo que estaban en lo cierto quienes decían en el documento previo al Congreso “Líber Seregni” que estábamos (todavía lo estamos) “… atravesando un período histórico, con un entorno político y social, sumamente favorable para el crecimiento de nuestra fuerza, para la expansión de nuestros valores, la consolidación del liderazgo político del Frente Amplio, el desarrollo de nuestro perfil público de acumulación y nuestra implantación en el escenario de la sociedad uruguaya”. Y decíamos también que el razonamiento era correcto, pero le faltaba llegar a la conclusión que estaba a la vista: la relación directa entre el decaimiento de nuestra fuerza política y la acción del gobierno.
LA COYUNTURA HISTÓRICA
¡¡Claro que estábamos, y estamos, ante una coyuntura histórica invalorable!! Que el FA llegara a obtener el gobierno en una coyuntura como aquella, seguramente no estaba en los planes de nadie. El documento de balance agregaba además algo nada menor: “El FA accede al gobierno nacional y a ocho gobiernos departamentales, que en conjunto contienen al setenta y cinco por ciento de la población y la mayor parte del PIB nacional. A la vez obtiene la mayoría absoluta en el parlamento, como consecuencia de un profundo cambio operado en la sociedad uruguaya”.
Y nosotros agregábamos en ese entonces: con una economía mundial creciendo a niveles nunca vistos en la historia, con nuevos y más amplios mercados, y con precios record de las materias primas que exportamos. Una América Latina que crecía, pero además girando a la izquierda e intentando llevar a cabo los sueños integracionistas de nuestros libertadores, con nuevos países que se sumaban, con gobiernos progresistas y con pueblos empujando los cambios. Un imperialismo desacreditado y acorralado en todos los frentes. De manera que estábamos realmente en un momento excepcionalmente bueno en el país, en la región y en el mundo; la recaudación había tenido un crecimiento espectacular; las reservas internacionales crecían a cifras récord; habíamos hecho ahorros significativos en el gasto del Estado simplemente terminando con las corruptelas; ya no perdíamos con las inversiones de ANCAP en Argentina, y estábamos ahorrando por la compra del petróleo a Venezuela.
Entonces, las preguntas correctas en ese momento eran: ¿no será que los avances de nuestro gobierno no están a tono con esas posibilidades de la coyuntura histórica? ¿No será que la militancia se desmoviliza porque no entiende por qué en un entorno latinoamericano antiimperialista y favorable a la integración, nuestro gobierno lo primero que hace es firmar un Tratado de Protección de Inversiones con los Estados Unidos y luego trabaja denodadamente por un TLC, aunque ello le provoque problemas con los hermanos del Mercosur? ¿No será que la militancia frenteamplista no entiende como es posible que en un entorno tan favorable económicamente y con un gobierno del FA quienes más ganen sean los grandes capitales y el sistema financiero? Incluir estas reflexiones en el balance, no significaba de ninguna manera no reconocer los avances del gobierno fundamentalmente en el combate a la pobreza y la indigencia, pero hay quienes al parecer prefieren contabilizar únicamente en el haber, e incluyen inmediatamente en el “eje del mal” a quienes intentan ejercer su derecho de critica y autocrítica. Y por ese camino, se sigue como está. Esto es, si se viene en caída, se sigue cayendo, como quedó demostrado el domingo 27.
EL PUEBLO SE CONVOCA SOLO
Porque en una coyuntura de las características que señalábamos más arriba, nadie puede extrañarse que la militancia frenteamplista se niegue a salir a combatir a las calles empuñando un volante que festeja porque rebajamos el IVA del pollo, aunque el pollo suba (esto por cierto que no es un invento, el volante existió; el gobierno había rebajado el IVA del pollo como forma de combatir el aumento del precio de la carne, pero mientras a los genios de propaganda se les ocurrió la brillante idea y la pusieron en práctica y los volantes bajaron a los comités para ser distribuidos, el comercio ya había subido el precio del pollo y se había embolsado la rebaja del IVA). O que esa militancia festeje como si fuera un acto revolucionario y anti oligárquico destinar 18 millones de dólares a la rebaja del boleto urbano, cuando eso significaba en el bolsillo de un trabajador aproximadamente 80 pesos por mes, y cuando los empresarios, en cambio, acababan de ser beneficiados con la rebaja de impuestos por 64 millones de dólares con la reforma tributaria.
Lo que queremos decir, es que si ante una coyuntura histórica, tanto en lo internacional como en lo nacional, la fuerza política no es capaz de movilizar al pueblo en apoyo de su gobierno, las causas no hay que buscarlas exclusivamente en la fuerza política. Porque hay algo que si no lo tenemos claro no vamos a llegar a ninguna conclusión correcta: cuando el pueblo tiene un gobierno que lo interpreta a cabalidad, se moviliza solo, sin necesidad de que lo convoquen. Y ejemplos de ello no faltan, basta mirar hacia Cuba, Venezuela o Bolivia. Por lo tanto, las invocaciones que hacía el documento de nuestra fuerza política respecto a “Sacudirnos, reaccionar cuanto antes y hacer los ajustes de enfoque y funcionamiento político,…” no deberían estar dirigidas únicamente a la estructura del FA (que sí necesitaba -y necesita- mejorar su funcionamiento), sino que también era necesario dirigirlas a nuestro gobierno, y no se hizo.
Estamos de acuerdo en que el rol de la fuerza política -como planteaba el documento- debe ser “controlar el cumplimiento de los grandes lineamientos, evaluar los resultados, generar objetivos y propuestas hacia el futuro, profundizar su rol de promoción de los principales logros del gobierno”, pero para eso es necesario que cuando la fuerza política controla el cumplimiento de los grandes lineamientos y evalúa los resultados y esta evaluación es crítica, sea tenida en cuenta. Y para promocionar los logros del gobierno el militante debe estar convencido de que vale la pena promocionarlos. Estos logros deben ser propios de una fuerza de izquierda, y no porcentajes o meras cifras macroeconómicas que nada dicen a doña María ni a don José. El documento señalaba como logros -entre otras cosas- la reestructuración de la deuda y el mejoramiento de su relación con el PBI (pero olvidaba decir que la relación mejoró por el aumento del PBI, porque en realidad la deuda ha seguido aumentando); el aumento de las exportaciones a un valor record de millones de dólares (sin decir que esto se debía fundamentalmente a la coyuntura internacional favorable). Y no mencionaba que a pesar del crecimiento del PBI a niveles previos a la crisis del 2002, los ingresos de la población no habían crecido de la misma manera, lo que estaba indicando que la torta crecía pero se seguía distribuyendo en forma desigual.
LOGROS SI, PERO…
En ese momento decíamos: “No desmerecemos los logros de nuestro gobierno, pero los militantes de izquierda siempre tuvimos claro que detrás de los números hay gente de carne y hueso que sufre y que son el motivo esencial de nuestra militancia. No consideramos una cosa menor que se haya reducido la pobreza del 31,9 al 24,3 % y el de indigencia del 3,9 al 1,4 % como señala el documento, pero nos duele que siga habiendo más de 700.000 pobres y 42.000 indigentes (casi 12 estadios centenarios repletos) en un gobierno nuestro. Y más nos duele cuando eso se da en simultáneo con el pago por adelantado al FMI. Porque mientras se nos dan porcentajes como demostración de logros, nosotros convivimos con la gente que no consigue empleo, o con los que sobreviven con trabajos precarios, o somos los que estamos en contacto con los que se siguen yendo del país buscando un futuro mejor.” ¿Alguien puede afirmar que las cuestiones que venimos recordando nada tienen que ver con el vaciamiento de los comités de base ni con los magros resultados electorales de hoy?
RESUMIENDO
Sostengo que en nuestro primer gobierno, el apartamiento de postulados históricos de izquierda, generó la pérdida de aquellos militantes…yo no diría más comprometidos (porque los más comprometidos con el proyecto fueron los que se quedaron), pero sí más entusiastas. Esa es la cuestión medular, porque tal vez a doña María y a Don José no les haya afectado en lo más mínimo todo lo que recordamos en las notas anteriores (TLC, tropas a Haití, Tratado de Protección de Inversiones, maniobras Unitas, etc…), pero si con eso se fueron para la casa los militantes que luego iban a ir a conseguir el voto de doña María y de don José, entonces estábamos en problemas.
Los síntomas más notorios, fueron el desprendimiento de sectores (el 26 de Marzo), el alejamiento de referentes históricos y éticos, fundadores del FA como Guillermo Chifflet y Helios Sarthou, el comienzo de la pérdida de votos en Montevideo y otros departamentos frenteamplistas, y la notoria pérdida de militantes (que se fue manifestando en el progresivo vaciamiento de los Comités de Base). Y si vemos este progresivo deterioro de nuestro capital político, y lo analizamos en el contexto de América Latina, veremos claramente que aquellos países cuyos gobiernos emprendieron cambios realmente profundos y democráticos (en el sentido de que esos cambios se hicieron con la gente), y siguieron siendo antiimperialistas coherentes, han ido creciendo sostenidamente en apoyo popular. Es el caso de los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. En cambio, aquellos gobiernos que se limitaron a administrar las grandes variables macroeconómicas y repartir de una manera un tanto más equitativa la torta, sin afectar en lo más mínimo las relaciones de poder, fueron generando el desencanto, primero en su militancia y luego en los votantes. Algunos irremediablemente perdieron su oportunidad y cedieron el paso a la derecha (Chile) y otros se salvaron raspando (nosotros, claramente), mientras que resta saber aún el destino de hermanos como los brasileños.
En próxima nota expondremos algunas cuestiones de nuestro segundo y actual gobierno, que en lugar de modificar lo que hemos expuesto, siguieron por el mismo camino de expulsar a la militancia más comprometida con las ideas de izquierda.

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