MI DECEPCIÓN (reflexiones en voz alta - 3a parte)


Como decía en la nota anterior, comenzamos el 2006 con la noticia de que buscaríamos firmar un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos,  distanciándonos aún más de los vecinos y acercándonos todavía más a quienes históricamente habían sido el enemigo número uno: el imperialismo norteamericano.
Ese es uno de los aspectos -y de suma importancia-, aunque no el único, que venía a chocar frontalmente con nuestros ideales de izquierda. Las ideas y las consignas de unidad latinoamericana, eran típicamente de izquierda; eran el santo y seña -por llamarlo de alguna manera- de los militantes de izquierda de toda América Latina. La lucha contra el imperialismo y por la unidad de los pueblos americanos eran la columna vertebral de la concepción de izquierda de estas tierras, y patrimonio d héroes como Bolívar, Sandino, el Che y tantos otros. Y firmar un TLC con el imperio, contradecía abiertamente esa concepción. Porque además, y entre otras cosas, nos dejaba afuera del Mercosur, como lo advirtieron reiteradamente Brasil y Argentina.
LA COYUNTURA EN LA QUE SE HACÍA
Lo más triste, era que el rumbo que tomaba nuestro gobierno no se correspondía en absoluto con las tradiciones del FA, pero tampoco se correspondían con la coyuntura histórica que estábamos atravesando. Que el FA llegara a obtener el gobierno en una coyuntura como aquella, seguramente no estaba en los planes de nadie. Accedimos al gobierno nacional y a ocho gobiernos departamentales, que en conjunto significaban el setenta y cinco por ciento de la población y la mayor parte del PIB nacional, y con la mayoría absoluta en el parlamento. Pero además, con una economía mundial creciendo a niveles nunca vistos en la historia, con nuevos y más amplios mercados, y con precios record de las materias primas que exportamos. Una América Latina que crecía, pero además girando a la izquierda e intentando llevar a cabo los sueños integracionistas de nuestros libertadores, con nuevos países que se sumaban, con gobiernos progresistas y con pueblos empujando los cambios. Un imperialismo desacreditado y acorralado en todos los frentes. De manera que estábamos realmente en un momento excepcionalmente bueno en el país, en la región y en el mundo.
Entonces, las preguntas que muchos nos hacíamos en ese momento eran: ¿no será que los avances de nuestro gobierno no están a tono con esas posibilidades de la coyuntura histórica? ¿No será que la militancia se desmoviliza porque no entiende por qué en un entorno latinoamericano antiimperialista y favorable a la integración, nuestro gobierno lo primero que hace es firmar un Tratado de Protección de Inversiones con los Estados Unidos, enviar tropas a Haití, mezclarse con las maniobras Unitas, y luego trabaja denodadamente por un TLC, aunque ello le provoque problemas con los hermanos del Mercosur? ¿No será que la militancia frenteamplista no entiende como es posible que en un entorno tan favorable económicamente y con un gobierno del FA quienes más ganen sean los grandes capitales y el sistema financiero?
Esto no significaba de ninguna manera no reconocer los avances del gobierno fundamentalmente en el combate a la pobreza y la indigencia, y en otros asuntos, pero hay quienes al parecer prefieren contabilizar únicamente en el haber, e incluyen inmediatamente en el “eje del mal” a quienes intentan ejercer su derecho de critica y autocrítica.
LAS JODIDAS SEÑALES HACIA ADENTRO
Pero como señalaba en las notas anteriores, nuestro gobierno seguía mostrando que en aspectos muy importantes de su gestión actuaba igual que los gobiernos anteriores de los partidos tradicionales: prometía una cosa en campaña, y luego hacía lo contrario. Cuestión que en lo que tiene que ver con el FA, tiene un agravante, puesto que el programa que esa fuerza política propone a la población para obtener el voto, es elaborado y discutido por su militancia, en diferentes instancias, y aprobado necesariamente en un Congreso. De manera que la señal que se enviaba a los militantes frenteamplistas era absolutamente desmovilizadora, puesto que se le estaba diciendo: no importa lo que ustedes decidan, no importa el programa que elaboren, no importa que recorran el país y repartan volantes y difundan ese programa entre la población para obtener el voto; una vez en el gobierno, nosotros haremos lo que se nos cante.
Porque el programa era claro al respecto: “Rechazamos el actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con EE.UU. concebidos en este marco, en tanto no resultan favorables a nuestros objetivos de consolidación de País Productivo”.
También lo era respecto de la importancia del Mercosur: “El EP-FA (Encuentro Progresista – Frente Amplio) entiende que la profundización y el fortalecimiento del MERCOSUR representa la estrategia más idónea para desarrollar una inserción internacional que contribuya a potenciar el desarrollo económico y las mejoras en el bienestar de la población”.
Tabaré había prometido gobernar con la Constitución en una mano y el programa del FA en la otra. Pero a pesar de que contradecía toda una tradición de izquierda, a pesar de que contradecía su propio programa y a pesar de que nos podía conducir a separarnos del Mercosur, nuestro gobierno se propuso sin ningún problema lograr un TLC con los EEUU. Algo realmente infame, y que no cambió en el segundo gobierno. Una semana después de asumir, el canciller Luis Almagro, consultado por El Observador acerca de un posible TLC con los EEUU comentó que no tiene preconceptos con los Tratados de Libre Comercio, y que no se puede oponer a una negociación que puede ser una “tabla de salvataje de sectores estratégicos”. Le faltó agregar que le importaba tres carajos el programa del FA.
LA MENTADA TRANSPARENCIA
Otra de las cuestiones que mostró el desgraciado asunto del TLC, era la falta de transparencia de nuestros dirigentes en el gobierno. Tal vez el dirigente más transparente y sincero fue el ministro de economía. Danilo Astori nunca ocultó que quería a toda costa firmar el dichoso TLC con los EEUU, y ese parecía ser su leit motiv. Ya en enero de 2006, en una entrevista con el semanario Búsqueda (5 de enero), Astori afirmó que “Uruguay tiene que comenzar a hacer esfuerzos para llegar a tener un tratado de libre comercio con Estados Unidos”. Dijo también que la idea era negociar este año el TLC con Estados Unidos: “cuanto antes mejor”.
Por lo tanto, no se explica lo que Tabaré manifestara en Venezuela a principios de marzo de 2006: “El actual gobierno uruguayo no tiene, en carpeta o en agenda, la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos”, mientras recordaba, además, que el programa de gobierno del FA es “un compromiso ciudadano donde se deja claro que las relaciones comerciales actuales con las potencias del primer mundo, entre las que se encuentra Estados Unidos, no son las adecuadas para firmar ningún Tratado de Libre Comercio”.
Y no se explica no solo porque contradecía lo que el ministro de economía había manifestado en enero. Porque pocos días después de haber hablado Astori, el ministro de Industria Jorge Lepra no dejó lugar a dudas sobre la decisión de negociar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Ratificó que lo anunciado por Danilo Astori, no era una iniciativa suya sino una decisión del gobierno de Tabaré Vázquez. 
Y claro que lo era!!! Ya mucho antes, a mitad del año 2005, Tabaré Vázquez había pedido al ministro de Industria que hiciera gestiones ante la administración Bush, antes de que se concretara una visita oficial a Washington. Y en esa instancia, el ministro Lepra expresó ante las autoridades norteamericanas la voluntad de nuestro gobierno de negociar un acuerdo bilateral de libre comercio. Y además, porque al regreso de aquel viaje a los EEUU, durante una escala en Cartagena de Indias, en Colombia, Vázquez fue consultado sobre la posibilidad de un acuerdo comercial bilateral con Estados Unidos y respondió que le parecía "muy bien" poder alcanzarlo, fundamentando su opinión en las cifras de exportaciones a ese destino.
Es realmente fastidioso y me provoca náuseas el recordar todo el proceso a favor de la firma de un TLC con los EEUU (quienes quieran abundar en los detalles pueden leer uno de mis artículos en http://contratapapopular.blogspot.com/2008/06/cronica-de-un-tren-en-marcha-que-pocos.html ), porque pone en evidencia la falta de transparencia con que se movían los principales actores de nuestro gobierno, diciendo un día una cosa y días después otra, negando unas, afirmando otras, y llegando al colmo de afirmar una verdadera tontería el mismo día en que Vázquez anunció que no se iba a firmar el dichoso TLC. Dijo en ese momento Vázquez que no firmaríamos el TLC porque se había enterado de que EEUU quería uno según el modelo que tenía con el Perú. Y digo que era una verdadera tontería (por no decir una gran mentira), porque todos sabíamos que eso era lo que EEUU quería desde un principio. Yo mismo había escrito un artículo que comenzaba así: “A esta altura del partido, tenemos que hacer un esfuerzo por bajar a tierra la discusión sobre el TLC, para que la misma se democratice y se haga transparente. Lo que se está discutiendo ¿es un TLC o es otra cosa? Lo único concreto es que Estados Unidos pretende un TLC como el que firmó con el Perú” (http://contratapapopular.blogspot.com/2008/06/tlc-para-principiantes-dnde-va-el-tren.html).  Es poco creíble que un carpintero de Solymar supiera exactamente lo que quería negociar EEUU y el presidente de la República, que hacía un año y medio venía negociando con el gobierno yanqui, lo ignorara.
Ya había pasado la instancia de Punta Cala, en donde Tabaré se desdijera de lo dicho en Venezuela y expresara su metáfora del tren, invitándonos a todos a subir a él: “…porque recordemos que la historia no retrocede, que la historia no se detiene pero que tampoco la historia se repite. El tren, algunas veces, pasa una sola vez”. A partir de esa instancia, comenzaron las negociaciones en serio rumbo a un TLC. Como todos sabemos, el proceso desembocó en un TIFA. Y nuevamente, a pesar de estar la gran mayoría del gobierno y de la fuerza política en contra del TIFA, y toda la oposición (sobre todo las Cámaras empresariales) a favor, el TIFA se firmó.
(CONTINUARÁ)

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