HITORIAS DE LUCHAS, TRAICIONES, AGACHADAS Y OTRAS YERBAS (1ª Parte)


Hay quienes, cuando sucede algo relacionado con la dictadura y con la impunidad, señalan hacia la derecha. Y con razón, claro. Aunque es una visión parcial de la realidad, como veremos. Fue la derecha la que llamó a los militares para que si hicieran cargo del gobierno cuando ellos ya no podían controlar a un pueblo que se movilizaba cada vez más por cambios estructurales, a fines de la década del 60 y principios de los 70.
Fue sin dudas la derecha la que acompañó en cargos de gobierno y a todo nivel a la sangrienta dictadura. No es este el espacio para dar una larga lista de nombres pertenecientes a los partidos tradicionales que ocuparon cargos durante esos años. Digamos simplemente que el dictador Bordaberry provenía del Partido Nacional, pero asumió como presidente integrando el partido colorado, y después fue verde a partir del golpe de estado. Y otros como Aparicio Méndez, del Partido Nacional, también dictador en su momento.
Una buena parte del pueblo uruguayo dio una denodada lucha por derrotar a la dictadura, y esa lucha tuvo sus costos, que pueden medirse en presos, exiliados, torturados, asesinados, desaparecidos, violados, y mucho más. Por eso, la recuperación de la democracia y las libertades, traían consigo grandes esperanzas. Entre otras cosas, la esperanza de llegar a la verdad de lo que había sucedido en esos años, y por supuesto de llegar también a la justicia
Teníamos derecho a saber el por qué de tanto odio descargado sobre el pueblo, el por qué tanta muerte inocente. Alguien tenía que explicar como fue que se torturó, quién daba las órdenes, donde se mató y se desapareció, donde estaban esos desaparecidos, y devolverlos al pueblo. Y no reclamábamos revancha. Pedíamos justicia. Tan simple pero tan hondo como eso.
Pero fue la derecha política la que, una vez derrotada la dictadura, se encargó de enterrar todo el genocidio y las barbaridades más siniestras perpetradas por la dictadura bajo el manto de la impunidad al votar aquella siniestra ley, con votos de blancos y colorados. Previamente, habían sacado de la troya (tal como hoy hace la SCJ con Mariana Mota) a un gran luchador por los derechos humanos como José Germán Araújo.
Y de la mano de la derecha política volvió la amenaza, y la presión. Y a pesar de que la justicia comenzó a actuar, las citaciones fueron a parar a la caja fuerte del Ministerio de Defensa. Y entonces comenzó la vuelta atrás, el retroceso, la agachada. Y la mayoría de dirigentes blancos y colorados comenzó a gestar lo que luego terminaría siendo la oprobiosa ley de impunidad.
LA IZQUIERDA LUCHANDO JUNTO AL PUEBLO
Pero la lucha continuó, y los trabajadores, las organizaciones sociales y la izquierda política no se entregaron, y papeleta en mano salieron a juntar las firmas para que hubiera referéndum. No fue una lucha sencilla. Pero acabábamos de derrotar una dictadura sangrienta, y además teníamos de nuestro lado la razón de la verdad y la justicia, así que la esperanza estaba intacta. Otra vez había que luchar contra el miedo, contra la desinformación y la mentira, contra quienes decían que pregonábamos el odio y se proclamaban pacificadores y perdonadores. Y recorrimos puerta por puerta, y salimos a las ferias y a los sindicatos, nos metimos entre el pueblo. Y conseguimos las firmas.
Pero los votos amarillos fueron más que los verdes, y perdimos esa batalla. El miedo ganó en las urnas, y la desesperanza en las almas. Y ya nada volvió a ser igual, porque la democracia quedó renga. No se puede caminar bien con una espina clavada en el talón. Y la impunidad era una enorme espina incrustada en la naciente democracia. Con las organizaciones populares malheridas (que no muertas) por la derrota, comenzó la otra fiesta, la del neoliberalismo.
Nuevamente la derecha política, y sus sucesivos gobiernos nos propinaron su economía de mercado pero también su “sociedad de mercado”. Perdida la justicia en los caminos de la impunidad, los ciudadanos pasamos a ser vistos desde una lógica mercantil, y se propagaron la exclusión social y la pobreza hasta límites desconocidos. Las consignas pasaron a ser: “hacé la tuya”, y “sálvese quien pueda”. Y también campeó la corrupción. Porque si se puede torturar y matar y desaparecer, y nunca pasar por un juzgado por ello, entonces todo lo demás son paparruchadas. Las dimensiones del retroceso todavía están por verse.
VOTO VERDE Y DESPUÉS
A partir de allí, ya la cosa no estuvo tan clara en las filas de la izquierda con el tema de los derechos humanos y la impunidad. Hubo un largo período en el cual la lucha quedó en manos de los familiares, un pequeño grupo de incansables abogados y las organizaciones sociales y de derechos humanos, y los partidos políticos prácticamente se olvidaron del tema.
Pero aún en esas condiciones, la lucha continuó por vías diferentes. Porfiadamente se siguieron presentando casos a los juzgados y una y mil veces los personeros de la impunidad los archivaban. El artículo cuarto era el instrumento apropiado en las manos apropiadas (gobiernos de derecha). Todo lo que podía terminar en aplicación de justicia era considerado incluido en la ley de impunidad. No importa si era el rapto de una extranjera para robarle a su hijo y luego matarla. Todo lo sucedido en dictadura debía ser olvidado, fuera lo que fuera.
Pero el pueblo es porfiado. Porque “hay olvidos que queman y hay memorias que engrandecen”, como también señala Alfredo acertadamente. Y siguieron presentándose causas. Y surgieron las marchas del 20 de mayo; cada vez con más y más pueblo; cada vez con más y más conciencia. Y la impunidad comenzó a mostrar fisuras.
DESDE LA IZQUIERDA
En el año 2003, el semanario Brecha preguntaba a dirigentes de diferentes sectores del Frente Amplio sobre qué había que hacer con la ley de impunidad, y en su gran mayoría eran partidarios de dejar todo como estaba. Algunos suenan hoy como posibles candidatos a vicepresidentes (o a presidente, vaya uno a saber).
Lo cierto es que dentro del FA, cuando nos aproximábamos a la posibilidad cierta de obtener el gobierno, muchos entendieron que adoptar una posición contundente a favor de la verdad y la justicia, podía hacernos perder esa posibilidad. Eso estuvo muy claramente planteado en el Congreso Héctor Rodríguez de 2003, y es por todos conocida la batalla que dio Eleuterio Fernández Huidobro para evitar que en el Programa estuviera la derogación de la ley de impunidad. Pero no sería honesto si no dijera lo siguiente: si la posición de Huidobro hubiera sido minoritaria, no hubiera prosperado. La realidad es que su posición fue apoyada por la mayoría del Congreso.
No obstante, en el Programa con el que el FA accedió al gobierno en 2005, hay muchísimas referencias que indicaban que había la necesidad imperiosa de derogar o anular la ley de impunidad. Fundamentalmente las que hacían referencia a acompasar la legislación interna con la internacional en el tema derechos humanos. Pero no fue así. Lo único que hizo el primer gobierno del FA en el sentido de combatir la impunidad, fue aplicar el art.4 de la ley, por lo cual los casos comenzaron a no incluirse como comprendidos en la ley de impunidad.
Y Tabaré Vázquez, el día mismo de su asunción, señalaba que “en materia de derechos humanos el país tiene aún una asignatura pendiente, que me comprometo a saldar de inmediato”, y agregó que “nuestro gobierno cumplirá el mandato establecido en el Artículo 4º de la Ley número 15.848, procurando agotar la investigación sobre lo sucedido con los detenidos desaparecidos e investigando al efecto en los establecimientos militares correspondientes”.
En función de ello, hubo avances impensables poco tiempo atrás. Pocos días después ya se estaba entrando a los cuarteles y excavando en busca de los desaparecidos. Y ahora el artículo 4º era un instrumento en manos de un gobierno progresista, y lo aplicó debidamente. Y los casos se comenzaron a excluir, y los jueces comenzaron a actuar, y los culpables comenzaron a ir presos, y algunos restos comenzaron a aparecer.
Mientras tanto, en forma silenciosa, muchos compañeros del FA seguían trabajando para encontrar la forma de erradicar de una vez y para siempre una ley legalmente inconstitucional y nula, pero además moral y éticamente infame. Era la hora de arrancarle de raíz esa espina que no le permitía caminar debidamente a nuestra democracia. Para que la vida democrática fuera plena y para cumplir con nuestras conciencias revolucionarias y de izquierda.
El resultado es historia reciente, y lo veremos en la segunda parte de esta nota.

Comentarios

gustavito ha dicho que…
verdad y Justicia, juicio y castigo a los culpables y asi saldaremos las deudas y podremos decir : NUNCA MAS!!!

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