domingo, 22 de junio de 2008

CUESTION DE ESTILOS


El diccionario define “estilo” como el modo de hacer algo que es peculiar de una persona, una región, una época. En general es un carácter distintivo del individuo, y que se expresa en su forma de obrar, de decir, de expresarse en el arte, etc. También podemos decir que muchas veces se puede tener un estilo para determinadas cosas, y no necesariamente expresar ese mismo estilo en otras. O dicho de otra manera: el estilo no garantiza nada; sólo nos señala algún aspecto de la personalidad de alguien. Digamos por ejemplo, para que quede meridianamente claro, que hubo (y habrá) torturadores infames que en su vida diaria tenían un estilo de caballeros. Y a la inversa, tipos que son buenos de toda bondad pero que tienen un estilo de relacionamiento con los demás absolutamente insoportable. Dicho esto, vamos a tres ejemplos ilustrativos en este sentido.
EL ESTILO ASTORI
Con un estilo que podríamos calificar sin lugar a dudas como “didáctico” -como es su innegable costumbre- Danilo Astori cuestionó en Buenos Aires ante un selecto núcleo de empresarios, el estilo "confrontativo" del gobierno de Hugo Chávez y las diferencias que mantiene con Brasil que "no se pueden obviar y no puede contribuir a acuerdos con otros bloques". El ministro puntualizó asimismo que las gestiones que se están haciendo con la Unión Europea son infructuosas desde hace más de 12 años, y si bien no responsabilizó a Venezuela en esos fracasos, indicó que su llegada al Mercosur no será un factor que "ayude o contribuya".
Y bien, el estilo de Astori, ¿nos dice algo acerca de la pertinencia de lo que dice, o incluso de su conveniencia? La conclusión es no. En primer lugar porque sus dichos afectan (no ayudan ni contribuyen) las relaciones internacionales de nuestro país, y ese espacio de la política del gobierno está en manos del Presidente, y en todo caso, del canciller, pero no en manos del ministro de Economía. Y en segundo lugar, porque la decisión del ingreso de Venezuela al Mercosur es una potestad del Parlamento y no del ministro de Economía, y esa decisión ya fue tomada, por lo que al ministro solo le queda acatarla y punto.
En un estilo que más bien podríamos clasificar como “cubista”, Astori también manifestó que “uno de los objetivos importantes de Uruguay es progresar en su relación con Estados Unidos, y queremos avanzar en materia comercial en base al TIFA”. Como se sabe, el cubismo es un estilo pictórico (Pablo Picasso, algunas pinturas de Antonio Lista, etc.) que no imita la realidad, sino que representa las cosas tal como son concebidas por la mente; no como son en la realidad. El estilo Astori es en ese sentido muy similar. Suele expresar como realidades cosas que solo existen en su pensamiento. “Objetivos importantes de Uruguay”, en el plano internacional, son: “luchar por un nuevo orden internacional más justo y solidario, reafirmando nuestra clara postura antiimperialista”; “enfrentar este mundo de bloques con un relacionamiento basado en la cooperación y en la unidad de América Latina”; “las apuestas del país deben pasar por la región y el fortalecimiento del proyecto MERCOSUR”; “Nuestro país debe sumar su voz y sus esfuerzos al conjunto de países con quienes comparte visiones para defender sus intereses en el contexto de los organismos multilaterales de comercio y de crédito.”, etc. etc. (ver el programa del FA, que para algo está).
EL ESTILO CHAVEZ
El estilo de Chávez parece ser “confrontativo”. Si lo que quiso decir nuestro ministro es que Chávez llama a las cosas por su nombre y sin eufemismos, será esta la primera vez que estoy de acuerdo con Astori. En ese sentido, también comparto la célebre frase de Marina Arismendi, en el mismo estilo: "Bush es la representación de lo más execrable, asesino y belicista que hay en el mundo”. Ahora bien; el estilo confrontativo de Chávez es el que ha permitido la concreción de 78 acuerdos, convenios, e instrumentos de cooperación e integración con nuestro país. A diciembre del año pasado implicaron un desembolso de unos 400 millones de dólares entre donaciones, compensaciones comerciales y compra de bienes y servicios. Las inversiones directas, efectuadas o proyectadas, en las áreas financiera, energética, industrial y comercial ascienden, en un cálculo conservador, a 925 millones de dólares. Y los acuerdos petroleros –que entre agosto de 2005 y julio de 2006 permitieron un ahorro en las compras de crudo de 55 millones de dólares– estarían significando que en un plazo de tres años Uruguay pueda satisfacer totalmente sus necesidades de petróleo con un ahorro del 20 por ciento en el desembolso, asegurando además su estabilidad energética. No sabemos lo que pasó con la negociación por PLUNA, en la que Venezuela manifestó su interés y luego fue dejada de lado. Pero si sabemos del interés venezolano en invertir en el negocio del cemento con ANCAP, proyecto estratégico para Venezuela, ya que tiene que ver con la expansión de la infraestructura de PDVSA. La propuesta de Venezuela comprende una inversión de 200 millones de dólares y la complementación con ANCAP, con la modificación de la matriz energética para la producción de clinker y el intercambio por coque como combustible más eficiente y de bajo costo, más una serie de beneficios adicionales que tiene que ver con el transporte de alimentos y el abaratamiento de fletes, la asociación en la fabricación del cemento en Venezuela, etc. Claro…, Chávez tiene un estilo confrontativo. Lo que habría que averiguar es si eso es malo. Y si es malo, para quien lo es. Porque “confrontar” es examinar dos o más cosas para comprobar sus semejanzas y diferencias. Y en ese sentido, veamos el estilo norteamericano.
EL ESTILO NORTEAMERICANO
El diario “El País” informaba días pasados sobre las ilustres visitas que recibimos y decía que: “Como otros diplomáticos estadounidenses cuando visitan Uruguay, Shannon se cuidó de no irritar la sensibilidad del gobierno hablando sobre Venezuela y su presidente, Hugo Chávez”. Es decir, un estilo que podríamos tildar de caballeresco. Lo que no le impidió a ese mismo Sr.Shannon decir momentos más tarde, ante una pregunta de Rafael Michelini acerca de las condiciones de reclusión en la base de Guantánamo que: "Es preferible que estén allí y no muertos". Claro que en un estilo muy caballeresco. Estilo norteamericano que también puede ser frontal y sin eufemismos como el de Chávez, puesto que a diferencia de las políticas genocidas alemanas contra los eslavos, gitanos, judíos y homosexuales, el genocidio estadounidense es de conocimiento público, y se expresa en los medios masivos de comunicación con las mismas voces sin inflexión e imágenes que uno espera que acompañen el reporte del tiempo. Los más grandes entre los diarios respetables, The New York Times, The Washington Post y Los Angeles Times, publican en sus primeras planas extractos, y a veces incluso transcriben íntegramente, los discursos de generales, ministros y del presidente, en los que se describen tácticas y estrategias de aniquilamiento masivo en Irak. Estilo caballeresco que le permite al gobierno norteamericano mantener un bloqueo genocida contra el pueblo cubano por decenas de años. Fue con ese estilo tan norteamericano –que al parecer seduce tanto a algunos compañeros- que Estados Unidos introdujo más de 750 enmiendas al borrador de la declaración de la ONU en 2005, con lo cual, entre otras cosas, pretendía eliminar compromisos de asistencia extranjera a países pobres, anular llamados de acción para abordar el cambio climático, tachar toda referencia a las Metas de Desarrollo del Milenio, eliminar toda referencia al Tribunal Penal Internacional y alterar la cláusula que instaba a los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad a no emplear el veto contra medidas para detener el genocidio, crímenes de guerra o "limpiezas étnicas". Estados Unidos proponía –con un gran estilo, eso sí- en lugar de promover los objetivos de desarrollo mundial adoptados por la ONU en su Cumbre del Milenio en 2000, y en lugar del desarrollo y asistencia a los países pobres, la importancia de las reformas de libre mercado. Un estilo admirable, que sabe conjugar las masacres más abominables con el libre mercado y la preparación de dictadores con sus equipos de torturadores junto a los TLC, los TIFA y demás preciosidades, todo con una cara de “yo no fui”. Eso es estilo. Una dulzura.


26 de Julio de 2007

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