viernes, 20 de junio de 2008

TLC - CUANDO LOS DESEOS SON ESGRIMIDOS COMO ARGUMENTOS

Si algo hay que reconocerle al compañero Danilo Astori, es su brillantez didáctica. Se podrá estar o no de acuerdo con sus planteos, pero nadie puede decir que no lo entiende. Pero como en todo, hay una excepción que confirma la regla. En este caso, la excepción es el TLC con Estados Unidos. Claro que aquí no se trata de que no se entienda la explicación, sino que en realidad la explicación no existe. Al menos hasta ahora nunca escuché o leí una argumentación del compañero Astori, de por que tanta obcecada insistencia en conseguir un TLC con Estados Unidos. Ya resultaba inexplicable cuando el ministro hizo por primera vez su planteo, por cuanto el tema había sido discutido abundantemente en el año 2003, en el Congreso Extraordinario del FA, y allí se había resuelto expresamente que: “Rechazamos el actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con EE.UU. concebidos en este marco, en tanto no resultan favorables a nuestros objetivos de consolidación de País Productivo”. Tanto insistió el ministro, y tanto nos opusimos nosotros, junto a otros sectores de nuestro FA, que el tema tuvo que ser vuelto a tratar, primero en la Mesa Política y luego en el reciente Plenario Nacional, mientras se expresaban en contra de un TLC cientos de Comités, Coordinadoras, sectores políticos, sindicatos, PIT-CNT, etc. Como punto culminante de todas estas discusiones, el Plenario Nacional del FA realizado el 15 de julio resolvió reiterar lo resuelto por el IV Congreso Extraordinario “Héctor Rodríguez” (citado arriba) pero siendo aún más específico, por cuanto señala la resolución que ello “abarca los contenidos de los TLC firmados por EEUU y países de América Latina hasta el momento”. Más claro echarle agua. Por otro lado, está el tema del MERCOSUR. Como se ha dicho en reiteradas oportunidades, no es compatible la pertenencia a este bloque de integración, con la firma de un TLC con los Estados Unidos. Y por si alguna duda había, lo explicitó muy claramente el canciller brasileño Celso Amorín en su reciente visita a nuestro país, cuando dijo que si Uruguay firmara un TLC con Estados Unidos no debería pertenecer más al MERCOSUR.

Solo contra el mundo

Quiere decir entonces que el compañero Danilo Astori está solo contra el mundo en este tema (aunque sigue diciendo que hay unanimidad en el gobierno), y sin embargo, sigue insistiendo. Y no solo eso. En la reciente cumbre de Córdoba, Argentina, nuestro ministro llevó el planteo de que se le permitiera tanto a Uruguay como a Paraguay hacer acuerdos bilaterales por fuera del bloque. El mes pasado escribimos un artículo que titulábamos “Por un MERCOSUR de la gente”, y allí decíamos que: “… todos parecen coincidir en el diagnóstico en cuanto a que el MERCOSUR no está caminando como debiera, pero mientras unos pensamos que lo que hay que hacer es profundizarlo y mejorarlo, otros desearían que empeorara para así tener las puertas abiertas para correr a abrasarse con el imperialismo”. La consigna es la que muy bien expresó el compañero Tabaré como “más y mejor MERCOSUR”. Sin embargo, parece ser que se trata sólo de eso, de una consigna. Porque cuando vamos a una cumbre de enorme trascendencia como la reciente en Córdoba, en lugar de llevar planteos de cómo mejorar el MERCOSUR, parecería que el planteo hacia los socios fuera el siguiente: “nosotros queremos más y mejor MERCOSUR, pero de eso encárguense ustedes. Mientras lo hacen, déjennos hacer acuerdos con EEUU por fuera del bloque”. Absolutamente patético. Ese de ninguna manera debe ser el planteo de nuestro país, y menos en momentos en que los países del bloque deben dar cuenta de lo que están dispuestos a asumir para cumplir con la responsabilidad histórica que les cabe.

Lo que se viene
El panorama internacional no es ya el mismo que predominó durante un largo período, y en esta nueva fase el MERCOSUR deberá definir una nueva estrategia política y cambios radicales para estar en condiciones de enfrentar lo que viene. En la cumbre de Córdoba sucedieron cosas importantísimas, además del ingreso formal de Venezuela y de la presencia de Fidel Castro; se habló de la formación de un parlamento común, de la creación de un Banco del Sur, de decisiones que apuntan a corregir asimetrías, comenzando por las de infraestructura, de establecer algunas compensaciones para los socios menores, etc. Y mientras esto sucedía, nuestro ministro repetía el sonsonete del TLC. América Latina es hoy escenario de una confrontación en la que, dentro de cada país de la región, se traza una línea entre quienes quieren sumarse al bloque sudamericano en formación, y quienes se oponen a ese objetivo y prefieren alinearse con el imperio. Nuestra fuerza política hace ya mucho tiempo que definió de que lado está. Por lo tanto, no podemos decir que estamos de un lado, y mientras tanto hacemos gestiones para estar también del otro. Digamos por otra parte –permítaseme la digresión- que resulta por lo menos contradictoria la política llevada a cabo por el ministro con respecto a la deuda externa, con la firma de un TLC con Estados Unidos. Me refiero a que Astori ha dicho que la idea es canjear la deuda con los organismos internacionales –que condiciona las políticas de nuestro país- por deuda soberana. Es decir que lo que se pretende es romper con la dependencia del imperialismo, la que se manifiesta indudablemente en gran medida a través del FMI y del BM. Pero sin embargo, mientras de esa forma se quiere romper la dependencia, por otro lado se quiere ser mas dependientes aún firmando un TLC con el propio EEUU. Esto es por lo menos inconsistente. Pocos días después, de la cumbre, Danilo Astori abordó el tema nuevamente, luego de participar en una conferencia sobre los derechos de los consumidores, realizada en el Edificio Libertad. Allí volvió a repetir lo que ha dicho otras veces, que de lo que se trata es de alcanzar una “mejor relación comercial con EEUU que suponga, además del tratado de protección de inversiones, un mejor acceso al mercado de bienes y servicios”. Si esto fuera así, no habría ningún problema. Todos podríamos llegar a aceptar que es bueno aumentar el comercio con cualquier país, incluido EEUU, siempre que ello no se transforme en una dependencia de ese mercado -por aquello de no poner todos los huevos en una misma canasta-. De hecho, no es necesario un TLC para aumentar el comercio con EEUU; ni siquiera llegar a “relaciones carnales”. El ejemplo más palmario es Venezuela. Las exportaciones de Venezuela crecieron 62,5% en el primer semestre de este año con respecto a igual período de 2005 (aunque usted no lo crea). Esto excluye los productos del mineral de hierro, petróleo crudo y sus derivados. Y ¿saben qué?: las mayores ventas se hicieron hacia Estados Unidos, con un incremento de 115%. Y, por si algún despistado piensa lo contrario, Venezuela no tiene ningún TLC con EEUU. Si esto es lo que pretende nuestro ministro, no hay problema. Pero seguramente no es lo que está en los planes de Estados Unidos. Todos sabemos que las negociaciones que se están llevando a cabo conducen inevitablemente a la firma de un TLC. Y eso es lo que no va. Lo que expresamente hemos rechazado en todas las instancias habidas y por haber y seguiremos rechazando.

Expresiones de deseos
Pero además, el ministro como siempre no da argumentos, sino que echa mano a expresiones de deseos, que como tales son válidas, pero que no pueden ser más que eso. Cuando Astori plantea las ventajas de un acuerdo de este tipo y dice: “Uruguay está pagando por sus exportaciones de carne hoy en día a los Estados Unidos cien millones de dólares de aranceles; si nosotros podemos disminuir eso, aumentarán, solamente en este rubro, enormemente las posibilidades comerciales” y agrega que esas “ventajas” podrían extenderse a otros rubros, y aumentar así las oportunidades de “comercio, inversiones, ingresos y empleo en Uruguay”, está diciendo algo en lo que todo el mundo seguramente estaría de acuerdo. Nadie puede dudar que todos los uruguayos deseamos aumentar las oportunidades de comercio, las inversiones, mejorar el empleo y los ingresos. Pero ¿quién dijo que esos serían los resultados de un TLC? ¿Dónde está la experiencia que respalde una afirmación de este tipo? En artículos anteriores poníamos el ejemplo de México y su TLC con EEUU. Durante 10 años México recibió más de 15.000 millones al año de inversión directa, cuando antes del TLC estaba en alrededor de 4.000 millones. Sin embargo el promedio anual del crecimiento del PBI fue el más bajo desde el siglo XIX. El 51% de esta inversión fue al sector manufacturero, por lo que supuestamente debería darse un boom del empleo en ese sector. Sin embargo, hoy hay 14,8% menos empleo en el sector manufacturero que en el último día antes de suscribir el tratado con EEUU. Y las cifras difundidas por la CEPAL son claras, sobre los impactos del TLC en México: desempleo en 1994 12%, en 2005 30%; pobreza en 1994 21%, en 2005 50%; emigración en 1994 4.000.000, en 2005 10.000.000. Estos son hechos concretos, realidades incontrastables, y no sueños. Hace rato que sabemos que el ministro Astori quiere un TLC con EEUU. Es hora de que explique por que, y que ponga sobre la mesa algún argumento consistente.
Miércoles, 26 de Julio de 2006

No hay comentarios:

LOS HOMBRES DE LA BOLSA

(publicado esta semana en semanario VOCES) El tema no es nuevo, y cada tanto vuelve al tapete, como tanta cuestión en este país. ...