domingo, 22 de junio de 2008

NO JUGAR EL JUEGO QUE QUIERE EL IMPERIALISMO


El sábado pasado, aviones y helicópteros de las fuerzas armadas de Colombia bombardearon un campamento de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en territorio fronterizo ecuatoriano. Después, soldados y policías de Colombia ingresaron por tierra a Ecuador para completar el ataque. La operación concluyó con el asesinato de 20 combatientes que se encontraban durmiendo, siendo uno de los asesinados el jefe rebelde Edgar Devia, alias Raúl Reyes. De esta forma, Ecuador se convirtió en el segundo país después de Venezuela que afronta una acción armada por parte de Colombia con el pretexto de combatir a la guerrilla. Si bien es la más grave, no es la primera incursión militar colombiana sobre territorio ecuatoriano, cosa que venía sucediendo por lo menos desde 2002.
Las garras del águila
Algo que ya se sabe, pero de lo cual no teníamos dudas desde un principio, es la participación de EEUU en las labores de inteligencia que prepararon el ataque. Diez días antes de las acciones, el ejército colombiano sabía ya que el comandante Raul Reyes estaba en la provincia de Sucumbíos en Ecuador, y lo sabían gracias a las fotografías tomadas por aviones espías estadounidenses. Es decir, no se trata sólo de la violación a la soberanía de Ecuador por parte del gobierno colombiano, cuando bombardean, asesinan e incursionan en su territorio, sino también de la incursión de aviones de inteligencia estadounidenses en territorio ecuatoriano. La acción militar contra las FARC coincide con la visita a Colombia de un grupo de funcionarios estadounidenses encabezados por dos miembros del gabinete de Bush: Carlos Gutiérrez (Secretario de Comercio) y Elaine Chao (Secretario de Trabajo). Estos funcionarios se encontraban tratando de ganar terreno ante el Congreso de los EEUU para que se apruebe el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Uribe. La importancia estratégica del TLC con Colombia fue resaltada por el mismo Bush en su principal discurso de comienzos de este año: "La no aprobación del TLC con Colombia daría fuerza al “falso populismo” y afectaría los “intereses” de EEUU". Fue precisamente Carlos Gutiérrez, quien dio la primera declaración de un miembro del gobierno estadounidense sobre la muerte de Raúl Reyes señalando que "es una muestra del avance de seguridad en Colombia". El mismo día en que se llevó a cabo la operación militar, los funcionarios de EEUU estaban junto a Uribe en un acto en Medellín, en campaña por el ingreso de Colombia al TLC. Seguramente es una extraña coincidencia. Como sería también una extraña coincidencia que la ofensiva se lanzara cuando lo que estaba sobre la mesa era el avance del proceso de liberación de rehenes y cuando hacía apenas dos días las FARC habían liberado a 4 de ellos. Por eso, no hay lugar para la ingenuidad. Se trata nada menos que de una masacre en apoyo de una operación política. Es una masacre que forma parte de un plan mayor del gobierno de Bush para, entre otras cosas, imponer el TLC, arrasar con los procesos de paz y debilitar la propuesta Alba y a los procesos revolucionarios de la región.
Por qué Raúl Reyes
Una de las cuestiones centrales, es que matar a Raúl Reyes significaba para el imperio matar también su imagen. Había que matar no sólo al hombre, sino a la cara visible de una propuesta por parte de los insurgentes que estaba avanzando hacia una salida de paz. El carácter de canciller de las FARC de Raúl Reyes en el canje humanitario lo llevó a establecer contacto hace pocas semanas a través su teléfono satelital (el mismo por el que lo rastrearon) con miembros de la bancada demócrata de los EEUU, buscando alianzas que obligasen a Uribe a sentarse en un proceso de dialogo por la paz. Contactos telefónicos que la CIA monitoreó en la preparación del plan de ataque y no dejó de aprovechar esa circunstancia humanitaria para seguirle la pista y caerle encima. Por otra parte, y según lo expresara la propia Cancillería francesa, el gobierno de Colombia mató al hombre con el que Europa dialogaba con el fin de llegar a la liberación de la franco-colombiana Ingrid Bentancourt. Por supuesto que las autoridades colombianas estaban al tanto de esas conversaciones que Francia, España y Suiza mantenían con Reyes.
Reacción latinoamericana
La mayoría de los países latinoamericanos, como era de esperar, rechazaron la masacre del gobierno de Uribe y la consideraron un grave precedente para la región. Nuestro gobierno solicitó a la Presidencia pro témpore del Mercosur a convocar a una reunión extraordinaria de cancilleres de los Estados Parte, con el fin de analizar la situación planteada, y resaltó "la necesidad de que, hasta la instalación de esa instancia de diálogo, cualquiera que sea la forma y los mecanismos que para la misma se adopten, los países involucrados se abstengan de cualquier acción y actitud que potencialmente pueda agravar la actual situación". En Nicaragua, Daniel Ortega manifestó que "Al asesinar a Raúl Reyes, cuando más bien era un momento de alto el fuego, lo había dicho el presidente Uribe, cuando Raúl Reyes era el hombre designado por las FARC para trabajar por la paz, se asesina precisamente al hombre que venía acumulando experiencia, conocimiento y reconocimiento internacional, ¿él lo asesina para qué? para matar las posibilidades de paz en Colombia". En el mismo sentido se han expresado los gobiernos de Brasil, de Argentina, de Chile, Venezuela, Cuba, Paraguay, Perú, México, etc. En tanto que Uribe se ganó el solitario respaldo del gobierno de Bush, manifestado a través de una llamada telefónica del portavoz del Consejo de Seguridad Nacional.
¿Y entonces?
En ocasión de una incursión aérea del ejército colombiano sobre territorio ecuatoriano en enero de 2006, los partidos comunistas de ambas naciones hermanas emitieron una declaración conjunta que básicamente señalaba que los actos de provocación cuentan con la complicidad del Comando Sur de los Estados Unidos que patrocina, desde la base de Manta, la información satelital y las coordenadas de acción para las acciones militares en la frontera. “El propósito del Comando Sur es involucrar a Ecuador, aún en contra de su querer, en el conflicto interno colombiano. El Plan Colombia – Plan Patriota es el instrumento de una estrategia continental de represión, agresión y avasallamiento de los pueblos. Al pretender posicionar a Ecuador como un pretendido “santuario terrorista” se intenta atizar una confrontación irracional e inexistente entre nuestros Estados y pueblos”. Decía el comunicado. Al mismo tiempo hacían un llamado a no poner en peligro “la amistad y la convivencia pacífica entre nuestros países”. Y agregaban: “Nos unimos al clamor por una paz democrática en Colombia y en toda la región andina y amazónica, con base en el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la plena soberanía, la no ingerencia en los asuntos internos de las naciones soberanas, la solución política negociada de los conflictos, el mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de frontera, el respeto de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Los Partidos Comunistas de Ecuador y Colombia nos comprometemos a continuar promoviendo estas banderas, a exigir la desmilitarización de las relaciones y la supresión del Plan Colombia – Plan Patriota como la principal amenaza a la paz y la convivencia entre nuestros países y en la región suramericana”.
La provocación está en marcha, todos debemos tener en claro quién es Uribe, a qué intereses responde y cual es la voz que obedece. No debemos caer no en la tentación militarista ni en la provocación que Estados Unidos viene preparando desde hace años, proporcionando material militar a Colombia con la excusa de combatir el tráfico de drogas, cuando en realidad se trata de material para hacer frente a conflictos bélicos de mucha mayor envergadura, el que estaban preparado y que puede estar a punto de estallar ahora. El punto 5 del comunicado de las FARC es claro: “La causa de la paz cimentada en la justicia social por la que el comandante Raúl Reyes ofrendó su vida, sigue ondeando en lo más alto de las montañas de Colombia, en la Plataforma Bolivariana, el Plan Estratégico de las FARC y en la voluntad inquebrantable de lucha de los guerrilleros y del pueblo en todo el país. A Raúl lo recordaremos siempre con profundo cariño, destacándose en él su firmeza revolucionaria, su perseverancia, su tesón y eficacia para dar a conocer ante la comunidad internacional la realidad de las FARC como ejército Revolucionario y, su entereza para dinamizar la estrategia bolivariana de unidad continental”.


05 de Marzo de 2008

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