domingo, 22 de junio de 2008

LOS EFECTOS DE LA CRISIS


La crisis del año 29 en la Bolsa de Nueva York afectó a todo el mundo y por un buen período de tiempo. Y el mundo no era lo que es hoy, en la era de la globalización. Por lo tanto, si una cosa es cierta, es que los efectos de la crisis que se viene (resultado de la explosión de la burbuja inmobiliaria anunciada hace ya mucho tiempo por nuestro Partido) tendrán escala planetaria. La burbuja financiera ya explotó, y lo que viene ahora (que ya empezó en Estados Unidos) es su efecto sobre la economía real, es decir, sobre la actividad económica y el empleo. Los 2500 líderes políticos y empresarios que participaron en el último Foro de Davos tuvieron la posibilidad de asistir a análisis desalentadores (como el de Soros, por ejemplo), aunque con enfoques de diversa profundidad. “Estados Unidos no sólo va a estornudar y coger un resfriado, tendrá una larga neumonía”, pronosticó Nouriel Roubini, profesor de Economía de la Universidad de Nueva York, “Habrá una grave recesión en Estados Unidos, una desaceleración en los países emergentes y una fuerte desaceleración en Europa”, añadió este experto, uno de los pocos que el año pasado anticipó en Davos la crisis financiera.
AMERICA LATINA
Muchos analistas entienden que la región está, en líneas generales, mucho más a salvo de las fluctuaciones de la economía estadounidense que en el pasado. Lo que no significa que no vayamos a ser afectados, ya que la crisis abarcará al mundo entero. Sin embargo, lo que vale la pena destacar es que la afectación que sufrirá cada país será mayor según el grado de dependencia de su economía con la de EEUU. México, por ejemplo, es uno de los más comprometido (NAFTA mediante), ya que sus exportaciones a EEUU representaron un 25% con relación a su PBI (se considera que un 20% del producto ya es un nivel de dependencia demasiado importante). Venezuela, con más de un 16 por ciento; Costa Rica, con casi el 15%; Ecuador con más de un 12%; Colombia con casi un 7%, y Honduras y Nicaragua, con más de un 6%, son las otras naciones que pueden verse más afectadas, aunque en el caso de Venezuela y Ecuador debe tenerse en cuenta que el grueso de las exportaciones corresponde a hidrocarburos, por lo que la dependencia no sería tanta. Las exportaciones como porcentaje del PIB de Perú, Bolivia y Uruguay hacia Estados Unidos fueron alrededor del 4%, mientras que las de Panamá, Brasil, Argentina y El Salvador se sitúan cerca del 3%, y las de Paraguay no alcanzan el 2%. Estas economías están mucho más diversificadas, lo cual es muy positivo porque si sus exportaciones están alrededor del 3,5% van a sufrir mucho menos la volatilidad de los mercados financieros estadounidenses. Y por cierto, en este aspecto debemos felicitarnos todos aquellos que alertamos y luchamos contra la corriente que nos llevaba camino a un TLC con los Estados Unidos. Hoy estaríamos lamentándonos de tamaño desatino.
NO SOLO LA BURBUJA
Es claro que la actual crisis, que se manifiesta fundamentalmente en la caída de las bolsas, se origina en las hipotecas basura, los problemas propios de la burbuja inmobiliaria, etc., que serían los mayores responsables del comienzo de esta recesión económica. Los capitales a la deriva no pueden llevar a la economía mundial a otro sitio que no sea hacia la crisis generalizada. No puede ser de otro modo. Pero sin duda hay causas más profundas que la mera caída de las bolsas y que tienen que ver con una crisis estructural del sistema. Un sistema capitalista globalizado que se caracteriza por la lucha a muerte por el control de los mercados y los recursos naturales del planeta, y que está generando una situación cada vez más caótica en el manejo anárquico de la economía mundial. La responsabilidad mayor es obviamente del eje anglosajón, israelí, Japón y la Unión Europea, que tienen que mantener sus alienadas y caras sociedades de consumo a cualquier costo. Las consecuencias para los pueblos del mundo se traducen en el encarecimiento de los precios de los productos alimenticios de primera necesidad, precios que no están exentos de la especulación que desarrollan los grandes capitales, con el objeto de obtener jugosas ganancias en ese río revuelto. El mundo entero comienza a vivir una espiral inflacionaria impulsada por las mafias que controlan la economía mundial que impulsan un constante encarecimiento de las materias primas y de los alimentos básicos. De entre todas sobresale el petróleo, que ya ha alcanzado la barrera de los 100 dólares por barril, lo que tiene como consecuencia un encarecimiento de los productos de consumo en todo el mundo. Por otro lado el destino de enormes cantidades de hectáreas de tierra para la producción de materias primas para la producción de biocombustibles, incidirán de una forma salvaje en el aumento de los precios de los productos alimenticios de primera necesidad (como ya lo denunciara en su momento el compañero Fidel).
Los síntomas de la presente crisis tendrán profundas secuelas en las condiciones de vida de los pueblos y se transformará en una espiral que se sabe como comienza, pero no como termina. Los más pesimistas nos indican que la presente situación económica mundial, nos puede llevar a una catástrofe de impredecibles consecuencias para la supervivencia de la humanidad, ello debido a los intereses que se encuentran en juego y en especial el relativo al control de los mercados y los recursos naturales. Pero hay que tener en cuenta el factor subjetivo, porque la lucha de los pueblos puede transformar esta crisis en el comienzo de la construcción de un mundo nuevo.
LOS CAMINOS POSIBLES
Entre las razones por las que América Latina está menos vulnerable, está su menor dependencia comercial con el imperio. Pero también porque ha emprendido con paso firme y seguro el sendero indicado por nuestros próceres: el de la unidad. Tanto el MERCOSUR como el ALBA, son elementos invalorables que nos permitirán superar las dificultades que se nos vienen. El Banco del Sur (ese que algunos todavía vacilan en apoyar) será sin duda el sostén financiero imprescindible cuando los fondos dejen de fluir como hasta ahora. Juan Torres López (catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga) señala que “el origen último de la crisis financiera no está en las finanzas sino en el poder desmedido que tienen los banqueros y los grandes propietarios. Justo lo que hay que quitarles para poder evitarlas en el futuro”. Y es que el problema no está en las finanzas sino en el poder desmedido que tienen los banqueros y los grandes propietarios. Las soluciones inmediatas existen y no son difíciles, en contra de lo que se nos quiere hacer creer. Y son cada día más urgentes y necesarias: controlar la especulación regulando las finanzas internacionales para garantizar seguridad y estabilidad; controlar a los capitales financieros y obligar a que los recursos estén al servicio de la actividad productiva mediante impuestos globales; y, en definitiva, evitar que la lógica del mercado se convierta en la lógica social. Este mismo economista español nos dice algo para tener en cuenta: “Se equivocan, o mienten, los gobernantes que están diciendo que lo que se viene es poca cosa. Se equivocan o mienten quienes quitan importancia a estas manifestaciones inequívocas de riesgo global. Se equivocan, o mienten, los banqueros centrales que dicen que es solo un episodio de inestabilidad financiera. Se equivocan o mienten mucho más grave y cínicamente quienes ahora solo vuelven a dar la receta de que lo que hay que controlar son los salarios para salir del apuro”. Digamos que también se equivocan quienes en nuestro país vuelven a dar la receta de contener el gasto público y rebajar los salarios. Es justamente lo contrario. Es el momento (rendición de cuentas mediante y por otras vías) de la inversión pública en vivienda, de generación de puestos de trabajo, de fortalecimiento del mercado interno, de salarios y jubilaciones dignas, de invertir en educación, de apostar al MERCOSUR, de aplicación a rajatabla del programa del FA.


27 de Febrero de 2008

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