PARADOJA: coexistencia ilógica de cosas


Si hay algo que a un observador extranjero y desinformado le debe llamar poderosamente la atención, y seguramente le hará sacudir la cabeza en señal de no entender nada, es el proceso que ha venido teniendo la “inserción internacional” de nuestro país (TLC, para los amigos) desde que el Frente Amplio asumió el gobierno.
Como todos sabemos, el capítulo fundamental del TLC que sectores minoritarios de nuestro gobierno pretenden firmar con los Estados Unidos (fundamentalmente el equipo económico), se concretó en diciembre de 2005 con la aprobación por parte del Parlamento del Tratado de Protección de Inversiones. El propio Astori así lo ha manifestado. En esa oportunidad, la gran mayoría de los sectores del FA, así como las bases, se oponían a la firma del tratado, salvo los ministros Astori y Lepra, y el vicepresidente Nin Novoa. Las voces que se hacían oír a favor de la firma del mismo, eran provenientes de los partidos tradicionales y de las cámaras empresariales. Y por si fuera poco, el tratado ni siquiera había sido proyectado por nuestro gobierno, sino que era una herencia del gobierno de Jorge Batlle. Es decir: la gran mayoría del Frente Amplio en contra del tratado; la gran mayoría del gabinete en contra del tratado, pero el tratado no solo se estaba llevando adelante, sino que finalmente se firmó y se ratificó en el Parlamento (con el único voto en contra del camarada Lorier). Y, paradoja de paradojas, nuestro gobierno firmó el dichoso tratado en medio de una cumbre del Mercosur (en Córdoba), siendo nuestro presidente el único que se reunió con Bush, y en momentos en que todos los países del bloque dicen un rotundo NO AL ALCA. Paradoja al cubo si tenemos en cuenta lo que dijera el compañero Tabaré el 4 de octubre de 2004 (Conferencia del ciclo “La transición responsable”): “Quiero decirlo claramente: el EP-FA-NM no ha sido consultado sobre los contenidos de dicho acuerdo (el tratado de inversiones) ni lo conoce (…) Un acuerdo de este tipo negociado unilateralmente, significa un desconocimiento al MERCOSUR y a la necesidad de encarar estos temas como región”.
Pero luego de esas instancias, cuando aún no se había secado la tinta de las firmas estampadas en el TPI, ya nuestro ministro de economía estaba planteando la necesidad de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos “cuánto antes mejor”. Nuevamente, al igual que con la firma del TPI, comenzaron a levantarse las voces en contra, y sin duda fueron mayoría, tanto a nivel de las bases como de los sectores de la fuerza política y en el gabinete ministerial. El propio Tabaré se manifestó en contra de un TLC en más de una oportunidad. Recordemos por ejemplo lo que manifestara en Venezuela a principios de marzo de 2006: “El actual gobierno uruguayo no tiene, en carpeta o en agenda, la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos”, mientras recordaba, además, que el FA convirtió el programa de gobierno en “un compromiso ciudadano donde se deja claro que las relaciones comerciales actuales con las potencias del primer mundo, entre las que se encuentra Estados Unidos, no son las adecuadas para firmar ningún Tratado de Libre Comercio, ni mucho menos las idóneas para profundizar la propuesta de Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA)”.
También en este caso, las voces a favor de la firma de un TLC provinieron de las cámaras empresariales y de los partidos tradicionales. Y cual si fueran estos los que gobernaran, casi llegamos a concretarlo. Recordemos la instancia de Punta Cala, en donde el compañero Tabaré expresara su metáfora del tren: “…porque recordemos que la historia no retrocede, que la historia no se detiene pero que tampoco la historia se repite. El tren, algunas veces, pasa una sola vez”. A partir de esa instancia, comenzaron las negociaciones en serio rumbo a un TLC, y la CIACEX (Comisión Interministerial para Asuntos de Comercio Exterior) encaró el estudio de todos los temas que un tratado de este tipo incluye. Casi se puede afirmar que esta Comisión se sumó a la lista de opositores al tratado, si uno se atiene al informe que se conoce oficialmente (el recortado, no el original, que es aún más contundente). El documento consta de nueve carillas, y encontramos sólo un párrafo que señala alguna ganancia “potencial” para nuestro país en un posible TLC con EE.UU. referida a bienes que “ingresan actualmente” al mercado de los Estados Unidos, o que ingresaron en un pasado cercano y que en la actualidad enfrentan restricciones cuantitativas o arancelarias (carne, productos lácteos y derivados, alimentos preparados, textiles y prendas de lana). El resto del documento, está destinado a relativizar estas ganancias potenciales, y a señalar los aspectos negativos. A vía de ejemplo, sobre los productos agropecuarios dice que lo dicho acerca de las ganancias potenciales: “…no significa desconocer la relevancia del impacto negativo que a nivel global tiene la política agrícola de EUA y las restricciones no arancelarias aplicadas por este país”.
Como todos sabemos, el proceso desembocó en un TIFA, que para algunos es un trampolín para llegar al TLC. Y nuevamente, paradoja de paradojas, a pesar de estar la gran mayoría del gobierno y de la fuerza política en contra del TIFA, y toda la oposición a favor, el TIFA se firmó (¿quién gobierna?).
En la Mesa Política Nacional del 22 de enero pasado, Brovetto explicó que en conversación telefónica con Tabaré, éste le habría expresado que la firma del TIFA no implicaba de ninguna manera un paso hacia un TLC. Y reafirmaba su “absoluto acuerdo con la posición tomada por la fuerza política en su Congreso en cuanto a su oposición a la firma de un TLC”. Pero lo que sucede, es que lo resuelto en el Congreso por la fuerza política no es la oposición a la firma de un TLC, sino el rechazo al “…actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con Estados Unidos concebidos en este marco”. Y el TIFA –no tan paradojalmente- es un acuerdo bilateral de comercio con Estados Unidos concebido en el marco del proyecto ALCA.


Martes, 06 de Febrero de 2007

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