sábado, 21 de junio de 2008

LOS PRINCIPIOS Y EL PRAGMATISMO - Combinados pero no entreverados

“La historia de la dignidad humana es, como todas, la historia paralela y complementaria de la humana imbecilidad, esa que repite consignas y esquemas y reincide, sin pausa, en viejos y superados errores. Siempre hay, abundan, ingenuos o tontos que colocan la esperanza donde no deben. Siempre hay ambiguos que no se comprometen y que juegan al punto y a la banca, con una oculta simpatía por la banca, para tener, así lo creen, el mañana seguro”. (Carlos Quijano, MARCHA, 6 de abril de 1973).


En el seminario “Uruguay en la Economía Global”, nuestro presidente dijo que se equivoca quien en nombre de los principios cree que el comercio es un asunto de ideología, y luego nuestro ministro de economía desarrolló aún más la idea Dijo que hay que equilibrar los principios con el pragmatismo, evitando prejuicios; que los objetivos se relacionan estrechamente con los principios, y que por lo general las herramientas y los instrumentos se emparentan especialmente con el pragmatismo. Que no podemos confundir las cosas ni dejar que esquemas ideológicos o prejuicios dificulten el camino de la elección de esas herramientas.
Astori señalaba previamente unos objetivos con los que todos estamos de acuerdo: “encontrar las mejores herramientas, los mejores instrumentos al servicio de los objetivos que todos compartimos y que no son otros que los de lograr mejores condiciones de vida para los uruguayos, especialmente para los que más han sufrido y particularmente para convertir a este país en un país que asegura a sus hijos y a sus hijas, condiciones dignas de realización humana”.
Principios, objetivos y herramientas
Pero se equivoca rotundamente cuando señala que los instrumentos se emparentan especialmente con el pragmatismo. Entendemos que las tres cosas deben estar estrechamente ligadas: objetivos, principios y herramientas. Todos deben estar estrechamente ligados e interrelacionados. De lo contrario, las desviaciones serán inevitables. Uno puede tener unos objetivos muy pero muy loables, estrechamente ligados a unos principios impolutos, pero si para lograrlos utiliza herramientas equivocadas, o espurias, los resultados no serán los correctos. Pongamos un ejemplo tonto para graficar lo que decimos. Yo puedo tener como objetivos en mi vida privada, asegurarles una alimentación adecuada y una educación correcta a mis hijos. Y esto estará estrechamente relacionado con una escala de valores y principos que guíen mi pasaje por la vida. Pero si para llevar a cabo estos principios y valores, y lograr los objetivos señalados, le encajo un fierrazo en la cabeza al primero que pase por la calle para robarle el dinero y con ese dinero pagar la educación y la alimentación de mis hijos, entonces me estaré equivocando y muy fiero.
Los principios
Pero veamos cuales son los principios que en materia de inserción internacional deberían guiar nuestras acciones, para saber si los instrumentos que utilizamos son los correctos. Para ello, sigamos a nuestro Presidente, el compañero Tabaré Vázquez en “El Uruguay Integrado” Montevideo, 4 de Octubre de 2004 IMM, Salón Azul. Allí Tabaré decía lo siguiente: “…acordar, diseñar e instrumentar una política exterior independiente, de Estado, y basada en grandes valores y principios. Independiente porque debe ser elaborada y aplicada por el gobierno nacional sin influencias ni presiones de ningún tipo. De Estado o nacional, porque debe basarse en los más amplios consensos políticos y sociales. Y basada en grandes valores y principios tales como:
* El decidido compromiso con la paz, la soberanía, la democracia y la solidaridad.
¿Se puede tener una inserción internacional basada en el compromiso con la paz, la soberanía, la democracia y la solidaridad, y simultáneamente firmar tratados de comercio con la potencia que más guerras ha librado ( y libra al día de hoy) a lo largo de la historia, arrasando con las ilusiones de libertad e independencia de innumerables pueblos de nuestra América y del mundo entero?
* El firme rechazo a todo tipo de terrorismo, violencia y discriminación
¿Se puede tener una inserción internacional basada en ese principio, simultáneamente a la puesta en práctica de tratados de inversión y comerciales con quien sembró el terrorismo de estado y la violencia en nuestra América (y en nuestro propio país) y que actualmente protege a terroristas como Luis Posada Carriles, responsable de atentados contra el pueblo de Cuba?
* El inalienable derecho de los países a tener fronteras estables y seguras y a ejercer en forma libérrima su soberanía y autodeterminación.
¿Es coherente con este principio el firmar un TLC con quien es el más importante respaldo de la política agresiva del Estado de Israel contra los pueblos del Líbano, Siria y Palestina?
*El respeto al Derecho Internacional, entendiendo que las normas que ordenan y regulan las relaciones entre los Estados constituyen la mejor forma de garantizar la convivencia pacífica y el respeto a los derechos soberanos de los pueblos.
¿El instrumento adecuado para sostener este principio es alinearse con quien se ha transformado en el principal violador del Derecho Internacional, desconociendo las resoluciones de la ONU y de la Corte Internacional de la Haya? ¿Es la herramienta adecuada a ese principio, alinearse con quien ha desconocido las resoluciones de la ONU en contra del bloqueo a Cuba? ¿Bloqueo que además tiene el objetivo reconocido de producir “el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno”?
* No alineamiento, o sea independencia respecto a alianzas políticas y militares bajo la hegemonía de grandes potencias, procurando apoyar todas aquellas iniciativas tendientes al fortalecimiento de la paz y el establecimiento de un orden mundial más justo y equitativo.
¿Cómo se compagina este principio con la firma de tratados con la potencia número uno, y que es la menos interesada en el fortalecimiento de la paz?
* La no intervención en los asuntos internos de otros países como expresión de máximo respeto a la soberanía de cada pueblo.
¿Qué hacemos con este principio, si firmamos un tratado de protección de inversiones con un Estado que nos dice que no podemos comerciar con países que ellos no tengan relaciones?
* La reafirmación del multilateralismo como forma de fortalecer el derecho internacional, jerarquizando el papel de las Naciones Unidas (lo cual implica promover las reformas necesarias para que sus decisiones sean más democráticas y eficaces).
De vuelta nos preguntamos como se compagina este principio con la herramienta, si hacemos tratados con el principal violador de las decisiones de las Naciones Unidas.
* Reconocimiento a la indivisibilidad de todos los derechos humanos, sean políticos, sociales, económicos, civiles o culturales, incluidos los derechos de titularidad colectiva tales como el derecho al desarrollo y al medio ambiente sano, ya recogidos en las normas internacionales.
No parece adecuado que para realizar este principio llevemos a cabo acuerdos comerciales con quien viola los derechos humanos en Guantánamo, los civiles en todos lados, y no reconoce el Protocolo de Kyoto y ninguno que amenace su sacrosanto derecho a las ganancias. El Protocolo de Kyoto es un esfuerzo internacional para controlar los efectos nocivos de la acción humana sobre el medio ambiente en el que se entrelazan aspectos ecológicos, económicos y de justicia global. El presidente de EE.UU., George W. Bush, se retiró del protocolo en 2001, con el argumento de que éste dañaría gravemente la economía de su país.
En definitiva, el comercio es parte integrante de nuestra inserción internacional (por algo cuando en el último Plenario Nacional rediscutimos nuestra inserción internacional discutimos sobre el TLC), y el mismo debe llevarse a cabo también con arreglo a los principios que nos guían en esa materia.
Y para que esta nota sea capicúa (no está mal convocar a la buena suerte), dejaré que la termine también Carlos Quijano: “..en definitiva, cuando las modas pasan sólo quedan los principios. Hay que defenderlos más en las malas que en las buenas, sin temor a perder amistades o a sumar enemistades. La única política fecunda es la que se ajusta a principios. Ya lo enseñaba –palabras más, palabras menos- Lenin” (MARCHA, 27 de octubre de 1972).

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