viernes, 20 de junio de 2008

EL HONOR MILITAR

La opereta que significó la fuga de Gilberto Vázquez, parece que tendrá una derivación a la interna del ejército que merece algunas consideraciones. Como se sabe, a nivel militar comenzó a trabajar el Tribunal de Honor que analizará la conducta del militar retirado. Realmente sorprendente. Si yo fuera militar, se me caería la cara de vergüenza de sólo plantearlo. Porque entendámonos bien. El Tribunal de Honor no analizará la conducta de Gilberto Vázquez durante la dictadura. No tratará de determinar si este sujeto deshonró el uniforme al secuestrar, asesinar y hacer desaparecer víctimas inocentes. No. Tan importante Tribunal analizará si el personaje citado deshonró al Ejército al fugarse, al violar un supuesto compromiso de no fugarse. Realmente patético. Si de faltar a la palabra empeñada se trata, señores militares, se les ha pasado por alto un candidato cantado para un Tribunal de Honor: el general Gregorio Alvarez (ex dictador) quien públicamente se hizo responsable por todo lo sucedido durante la dictadura, pero que a la primera de cambio, cuando un juez lo citó a declarar, se olvidó de todo.
Una institución que no ha sido capaz, a más de 20 años de recuperada la democracia, de reconocer que violó la Constitución y se apropió del gobierno para desde allí, y con las armas que le confió el pueblo, matar, asesinar, violar, hacer desaparecer a ciudadanos inocentes, ahora se considera con la integridad suficiente para formar un Tribunal de Honor. Para hacer tal cosa, debe primero ser honorable la propia institución. Para estar en condiciones de juzgar el honor de los integrantes de las Fuerzas Armadas, lo primero que deberían hacer es juzgarse a sí mismas, y reconocer las barbaridades perpetradas durante la dictadura. El honor comienza por ahí. Y también comienza por decir la verdad acerca del destino de los desaparecidos. El honor se manifiesta no permitiendo que más familiares de desaparecidos se vayan de este mundo sin saber que fue de sus seres queridos.
Según ha sido informado, el tribunal puede absolver a Vázquez por absoluta falta de culpabilidad, amonestarlo por falta leve, amonestarlo por falta grave o descalificarlo por falta gravísima. Cualquiera de las posibilidades resultaría patética. Tanto si se lo absuelve como si se lo descalifica por falta gravísima. Porque lo que quedaría claro es que la institución militar considera una falta gravísima el que uno de sus integrantes no cumpla con la palabra dada, pero que le importa un comino si ese mismo militar asesinó a una mujer para robarle su bebé.
José Nino Gavazzo, torturó en diversos Centros Clandestinos de detención. Entre ellos:
la casa de Punta Gorda conocida como “El infierno”. En la “Cárcel” de Bvar. Artigas y Palmar. En el batallón 13 de infantería (Instrucciones y Casavalle) conocido como "El Infierno Grande” sede del “300 Carlos”, donde su alias era “302”. En el Centro Clandestino de Detención correspondiente al Batallón de Infantería Nº 8 del Departamento de Paysandú, entre otros. Como integrante de la OCOA, Gavazzo fue responsable de robos, secuestros torturas y detenciones en Uruguay y Argentina.Como Jefe operaciones del SID, ofició de nexo en el marco del Plan Cóndor. Fue responsable en este país junto otros militares y policías uruguayos, de desapariciones y torturas. La sede de operaciones se situaba en el Centro clandestino de detención conocido como “Automotores Orletti”. Participó en el traslado en octubre de 1976, de 27 uruguayos y 5 argentinos detenidos en este centro clandestino de Bs As. a Uruguay. Pese a los cientos de denuncias que pesan sobre este sujeto (de alguna forma hay que llamar a esta cosa) por torturas, asesinatos y desapariciones, ninguna mereció la conformación de un Tribunal de Honor. Ni siquiera cuando fue procesado –en democracia- por el delito de extorsión y falsificación de reales., por el Juez Eduardo Borges.
Jorge Silveira, también integrante de la OCOA, participó activamente de la Coordinación represiva entre las Fuerzas Armadas del cono sur especialmente con Argentina. Es responsable de desapariciones, torturas y traslados de ciudadanos uruguayos desde Argentina a Uruguay. Involucrado entre otros en el secuestro y desaparición de Simón Riquelo, León Duarte, Gerardo Gatti, Washington Barrios Hugo Mendéz en Bs As. Torturó y dirigió torturas en varios centros clandestinos. En Argentina: En “Automotores Orletti” donde se encontraban detenidos numerosos uruguayos, muchos de ellos hoy desaparecidos. Actuaba junto a Gavazzo, Campos Hermida, Manuel Cordero, entre otros, en la casa de Punta Gorda, en Bvar. Artigas y Palmar, a donde fueron trasladados ciudadanos uruguayos detenidos en Argentina, y en donde estuvo también María Claudia, la nuera de Gelman. Actuó también en el centro clandestino “La Paloma”, en el Centro de Detención Nº4, en el Centro Clandestino de Detención del Batallón de Infantería Nº8 de Paysandú, en el “Infierno Grande”, (Batallón 13). Está involucrado en el secuestro de Elena Quinteros, en el asesinato de Silvia Reyes, Laura Raggio y Diana Maidanick. Formó parte del Servicio de Inteligencia del Establecimiento Militar de Reclusión Nº 2 (Conocido como la Cárcel de Punta de Rieles) donde numerosas presas políticas fueron víctimas de diversas formas de violación de sus Derechos fundamentales. Lo señalan entre otros, como responsable de la muerte por omisión de asistencia de Ana María González Pieri. Responsable de violaciones a Detenidos y Detenidas en los diversos Centros Clandestinos de Detención. Nada de esto parece ser importante para nuestras Fuerzas Armadas. Nada de esto parece afectar el honor militar. Y efectivamente, no es importante ni afecta su honor, porque existe una ley de impunidad. Si el sistema político fue capaz de votar una ley tan nefasta y la mayoría del pueblo la refrendó, entonces es lógico que los militares no sientan que lo que hicieron sea deshonroso. Por eso es absolutamente necesario anular la ley de impunidad. Porque la sanción de dicha ley fue una solución equivocada en lo jurídico pero también en lo político y en lo ético. Y la consolidación definitiva del Estado de Derecho pasa porque la sociedad en su conjunto asuma que la Justicia es un elemento inherente a la Democracia y por tanto innegociable. Una vez que saldemos esta deuda –esta si de honor- con nosotros mismos, y la institución Fuerzas Armadas sea saneada de toda la lacra del pasado, podremos hablar de honor y de tribunales. Mientras tanto, hablar de tribunales de honor por parte de militares sonará a contradicción.
Miércoles, 12 de Julio de 2006

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