sábado, 21 de junio de 2008

TLC CON CHINA E INDIA - También queremos saber




En notas anteriores, decíamos que la democratización de la información en torno a las negociaciones comerciales con Estados Unidos era un reclamo imprescindible e impostergable. Por cierto, estaba implícito en esa afirmación, que no nos referíamos exclusivamente a ese país. Porque si está en carpeta también un posible TLC con China y con India, la fuerza política debería estar informada a cabalidad sobre los avances en esas cuestiones.

Hasta donde sabemos, con China tenemos un déficit en la balanza comercial de 121 millones de dólares en 2005. Ese año, exportamos a China mercancías por 121 millones, e importamos por el doble de valor. Fundamentalmente les vendemos carnes, cueros y pescados. Y también que en los primeros ocho meses de 2006 el déficit se situaba en 114 millones. No sabemos si la misma Comisión Interministerial para Asuntos de Comercio Exterior (CIACEX) que estuvo haciendo la evaluación preliminar de costos y beneficios que se derivarían de un TLC con Estados Unidos está trabajando en el mismo sentido para evaluar el caso chino.
También sabemos que un TLC no es la única opción para aumentar el comercio, pero parece ser que es la única que maneja el equipo económico (no podemos decir que es una opción del gobierno). Para nosotros, la forma de integrarse un pequeño país como el nuestro internacionalmente es con acuerdos sectoriales de complementación especialmente en un marco sur-sur. Además de apostar fuertemente a la integración regional, sobre la base de la complementación de las economías, el respeto por las asimetrías, la solidaridad y la protección de los recursos naturales. A vía de ejemplo, digamos que Cuba, al igual que Venezuela, ha firmado con China acuerdos de complementación y de desarrollo de varias ramas de la producción (no un TLC). Hoy hay más de tres mil médicos y científicos cubanos en China compartiendo de ida y vuelta avances en el campo de la biotecnología y de la medicina con otros tantos científicos chinos en sus respectivos países. Todo por fuera de la globalización mercantilista y de las leyes del mercado, complementando sectores enteros de la producción y los servicios. ¿Sólo Cuba y Venezuela pueden hacerlo? Tal vez. Aunque no nos resignamos a que lo nuestro solo sea tratar de vender más carne. Porque además, si antes comíamos 65 kgs de carne por año (cada uruguayo), y hoy solo comemos 35 kgs, y si la mejora en la cantidad de carne por hectárea es de no más de un 1% en términos anuales en los últimos 20 años, parecería que la única manera de vender más carne es dejando de comerla nosotros.
El ejemplo chileno
Como todavía no tenemos información sobre las características que tendría un TLC de Uruguay con China, podemos ir viendo algunas puntas de la madeja analizando el caso del TLC que recientemente firmara Chile con la nación asiática. Una de las cosas que hay que tener presente, a la hora de analizar el tema, es saber que es lo que pretende China. China ha iniciado negociaciones para establecer áreas de libre comercio con 23 países de Asia, África, América Latina y Oceanía, dentro de un plan estratégico a largo plazo. Con el aumento de los precios del petróleo y la creciente competencia internacional por obtener materias primas, China pretende apuntalar su crecimiento económico con acuerdos bilaterales y multilaterales de libre comercio. Pekín anunció ya su intención de liberalizar el comercio con Chile, Nueva Zelanda, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) Pérsico y la Unión Aduanera de África del Sur. Además, China estudia en estos momentos establecer un TLC con Pakistán y otro con Australia, y está en preparación un proyecto de viabilidad para el área de libre comercio del Este de Asia. Es decir: es un hecho que el fuerte crecimiento económico chino necesita de ingentes volúmenes de materias primas, las que el mercado interno no logra solventar. Es por este proceso que Chile se ha convertido en un relevante abastecedor de cobre para la industria china, cuya demanda del mineral ha elevado los precios a niveles históricos. China es hoy la principal causa del alza del precio del cobre y de otras materias primas. Digamos de paso que ya el Banco Mundial ha dicho que el precio del cobre, en unos 4 años, bajará a menos de la mitad de su precio actual. Es así que el crecimiento anual de las exportaciones chilenas hacia China ha sido explosivo: 1.865 millones de dólares en 2003, 3227 millones en 2004, lo que hace un 73% más. Sin embargo, este crecimiento se explica en gran medida por el fuerte aumento del precio de las materias primas, principalmente el cobre. Por otra parte, el crecimiento ha estado concentrado en muy pocos productos, fundamentalmente del sector primario. Tanto que sólo tres de ellos explican el 76 por ciento del total, y el resto tampoco obedece a una gran diversificación, ya que sólo abarca 253 productos, de los 5.231 que Chile exporta al mundo. Lo que todos los análisis señalan, es que el TLC Chile-China permitirá un aumento de los volúmenes exportados, y una diversificación de los productos, pero que ello no cambiará sustancialmente la marcada composición de las exportaciones chilenas basadas casi en su totalidad en recursos naturales y procesados con bajo valor agregado. Un estudio de factibilidad conjunto de los gobiernos chileno y chino, señala que se beneficiarán (en Chile) los sectores pesquero, agrícola, silvícola y pecuario, debido a la rebaja de aranceles. Sin embargo, han surgido críticas entre los sectores textil, plástico, calzado (atentos industriales uruguayos) y, en menor medida, metalmecánica, quienes demandan ya sea el mantenimiento de los aranceles o la inclusión de compensaciones por las futuras pérdidas. Las importaciones de productos chinos de los sectores textil, calzado y confecciones han producido un grave deterioro de estos sectores, con su correspondiente impacto en el empleo (atentos trabajadores uruguayos de estas industrias), y en estos casos, si no se adoptan medidas compensatorias el TLC agravaría su ya vulnerable situación. En resumen, el TLC consagra a Chile como país productor de materias primas.
Hay otro aspecto en el TLC que pese a su poca claridad está generando grandes expectativas, en especial en la Zona Franca de Iquique. Se trataría de la instalación de industrias chinas en esa zona orientadas a la exportación a mercados latinoamericanos e, incluso, a estados Unidos. China utilizaría a Chile como plataforma de inversiones para enviar sus productos –tras añadirle más valor agregado en Iquique- a terceros países con los cuales Chile tiene acuerdos comerciales. La propuesta parece interesante y apuntaría hacia la denominada segunda fase exportadora, que es la producción de bienes de mayor valor agregado. Sin embargo, cabe hacernos una pregunta acerca de los mayores costos de la mano de obra chilena. ¿Qué incentivos encuentran los chinos para fabricar en Chile cuando en China los costos de mano de obra son sensiblemente más bajos? Tal vez no sea un paso a la segunda fase exportadora, sino al establecimiento, tal como en otros países, de una zona de maquila, con bajos salarios y sin normas laborales. Como para ir poniendo las parvas en remojo.






Miércoles, 01 de Noviembre de 2006



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